By | 18 décembre 2020

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  1. El estudio de la fiesta en la edad moderna ha sido uno de los asuntos que más ha interesado en los últimos años a investigadores de distintas áreas como historia, historia del arte, sociología o antropología. La idea de la celebración comunitaria como elemento de socialización y educación ya había sido puesto de relieve a finales del siglo XIX por investigadores e intelectuales como Jakob Burkhardt en su publicación sobre la cultura italiana del Renacimiento (1860). Las perspectivas de análisis han variado mucho desde el seminal estudio presentado por el investigador suizo. Muchas de ellas pecaron de ser excesivamente formalistas y descriptivas, dedicándose a enumerar las características de estas fiestas, siguiendo a pies juntillas la fuente principal de la misma, como si de una suerte de edición crítica se tratara. Frente a esta postura, válida como primera aproximación, otras han intentado ir un paso más allá y entender la complejidad que esconden este tipo de celebraciones, mostrando la intrahistoria de la fiesta, e incluso, cómo fue entendida y recibida por los espectadores, eliminando el enfoque unívoco de una visión únicamente vertical de la misma. En este segundo grupo podríamos incluir la publicación que nos ocupa, un volumen que es muy bienvenido por la aproximación metodológica interdisciplinar que emplean los distintos autores que lo componen.
  2. Agrupados por el profesor Bernard Grunberg, y tras un prólogo en el que se detallan las intenciones del libro, nos encontramos con seis estudios más un apéndice documental dedicados a las fiestas en la América pre y postcolonial. La mayor parte de los textos que lo componen insisten en el importante sincretismo religioso que se dio en dicho territorio tras la llegada de los españoles a finales del siglo XV. Este sincretismo, cada autor lo aborda de un modo diverso, insistiendo en las diferencias que se dieron dependiendo del tipo de fiesta, valor ritual, su cronología o ámbito cronológico, aspectos básicos para entender la pluralidad de actitudes desarrolladas y no caer en la mera creación de estereotipos. Este es uno de los aciertos del volumen.
  3. Patrick Johansson K. toma como punto de reflexión la fiesta de los muertos en México (Miccailhuilt) a través de la que nos demuestra cómo la visión cristiana del fin de la vida (el infierno, el purgatorio y el paraíso y todo lo que esta configuración escatológica implica en términos conceptuales) tuvo grandes dificultades para establecerse en una cultura que confirió a miquiztli –la muerte– un carácter vital distinto al que se intentaba importar (p. 9). Estas diferencias religiosas plantearon ciertos problemas de asimilación que el autor estudió a través de numerosas fuentes coetáneas o ligeramente posteriores como el Códice Florentino, el de Ixtlilxóchitl, o el Magliabechiano, por citar algunos ejemplos. Con ello consigue reconstruir un entramado sociocultural que permitió la pervivencia de parte de la liturgia prehispánica adecuada al calendario cristiano con el fin de hacer más fácil el proceso de asimilación. La virtud de este trabajo es la comparación de las abundantes fuentes primarias conservadas y la visión de larga duración, que llega hasta la actualidad, lo que demuestra que no fue un fenómeno aislado en el tiempo y fosilizado.
  4. Sylvie Peperstraete se centra en las fiestas de las «veintenas» a través de las historias de México-Tenochtitlan ya en época colonial. Para ello utiliza gran parte de las mismas fuentes del autor que le precede en este volumen. El uso de estos códices complementa la visión que la historiografía había dado basándose, principalmente, en las narraciones de predicadores españoles a su llegada al Nuevo Mundo. Uno de los puntos fuertes de su trabajo es el espíritu crítico con el que se enfrenta a la lectura de dichos textos y las preguntas de investigación que presenta, que sirven para organizar de modo muy ordenado su capítulo. Tal vez se echa en falta un estudio más detallado de las imágenes que acompañan a los códices, pues hubiera enriquecido su aportación, ya de por sí muy valiosa.
  5. De especial interés para comparar las fiestas a ambos lados del océano son las aportaciones de Éric Roulet (dedicada al Corpus Christi) y Patrick Lesbre (sobre cantos y danzas indocristianas). En ambos casos se ve el valor del baile o la música como elemento de integración y de mantenimiento de ciertas costumbres prehispánicas. No quisiéramos caer en una postura colonialista al indicar que tiene mucho que ver con lo que sucedía en la península ibérica en relación con el islam, pero es cierto que el modo en el que se describen la pervivencia de dichas manifestaciones culturales tiene algún paralelismo con las zambras o juegos de cañas durante los siglos XV y XVI (véase al respecto, entre otros, el estudio de Irigoyen, Moors dressed as Moors, Toronto University Press, 2017). De hecho, resulta interesante ver también la presencia de elementos de lucha contra otros «otros», como los moros, en las celebraciones de Corpus en América (p. 51). Se está produciendo una hibridación cultural de tradiciones tras la conquista y, a la vez, la inclusión importante de enemigos lejanos al imaginario colonial para mostrar el poder del catolicismo ante los antagonistas de la fe. Así pues, estos dos magníficos capítulos indagan, desde una perspectiva ciertamente innovadora, el papel de la danza y la música en la configuración de la cultura festiva e identidad cultural de las comunidades centroamericanas, así como su papel en la evangelización y conversión de los pueblos conquistados.
  6. También de suma utilidad es el trabajo de Grégory Wallerick. Mediante el estudio del texto e ilustraciones de la obra de Théodore de Bry se puede conocer la visión colonizadora de los viajeros. Se trata de una construcción de la alteridad que parte de la curiosidad científica, pero que acaba siendo una visión parcialmente subjetiva de ese «otro». Gracias a ello vemos qué es lo que interesaba y sorprendía a los cristianos que llegaban al Nuevo Mundo. Como indicara Peter Burke (Formas de Historia cultural, 1997), hay que «ver» por los ojos de los viajeros, pero a su vez poner en comparación sus apreciaciones con otras fuentes conservadas para objetivar aquello que se estudia. La aproximación de Wallerick es muy significativa en este sentido, realizando un estudio temático de las imágenes festivas de las tradiciones indígenas.
  7. Para finalizar este primer bloque, el trabajo de Karine Perissat se centra en la zona del Perú y cómo fue visto el papel de la evangelización en un territorio clave en la política económica hispánica, por los ingresos que desde allí llegaban gracias a la riqueza del subsuelo. En palabras de la propia autora, en el contexto de rivalidad y emulación entre ambos territorios, la fiesta se convierte en un lugar privilegiado donde la población criolla puede poner en escena sus cualidades hispánicas exacerbadas, vinculadas con su lugar de nacimiento (p. 121). Así pues, entre otros aspectos, el capítulo focaliza su atención en defender cómo, a través de la fiesta, los criollos muestran su amor patrio y dignifican sus propias tradiciones, de ahí que también haga hincapié en diversas alegorías utilizadas para tal fin.
  8. Una vez resaltados los puntos importantes de la primera parte del libro quisiera indicar un aspecto que me sorprende de la publicación. Esta posee una segunda sección, mucho más coral, que tiene poco que ver con la fiesta en particular, aunque no abandona los temas pre y postcoloniales en general. Es titulada como «varia». A pesar de que en la introducción se justifica de modo detallado su inclusión y, además, los textos son de gran calidad, con aportaciones relevantes, sinceramente considero que perturba la lectura del libro en su conjunto, su unidad y trascendencia. Bien podrían haber sido dos volúmenes con mayor coherencia interna, aunque más breves, en el que se distribuyeran las dos partes que conforman este libro. La división entre «monográfico» y «varia» funciona perfectamente en publicaciones periódicas, donde se lanzan Calls for papers específicos sobre la materia, pero se deja abierta una sección para otras investigaciones de interés. Pero, a mi parecer, este modelo, aplicado a otro tipo de publicaciones, aunque mantenga un eje geográfico, desvirtúa el conjunto, pues solo la mitad del libro está dedicado al título que aparece en la portada. Es una lástima, porque ambas partes podrían funcionar a la perfección de manera independiente, y sus estudios son, como se ha dicho, de gran calidad.
  9. En ella se tratan asuntos como la imagen de la mujer en el mundo colonial, cuestiones jurídicas en la Audiencia de México, problemas de teología y redención de los pecados, el Galeón de Manila, entre otros. Temas que, por sí mismos, hubieran dado para otros libros coordinados de calidad como este, pero que así quedan desdibujados y ocultos a los lectores que no esperan encontrárselos bajo el título de este volumen. Aún así, recomendamos la lectura de este libro, pues presenta claves para entender las relaciones entre cristianos viejos y nuevos en América durante la época pre y postcolonial.

Borja Franco Llopis
Universidad Nacional de
Educación a Distancia

 

Bernard Grunberg (dir.), Les fêtes en Amérique coloniale, París, L’Harmattan, 2020, 297 p.
ISBN 978-2-343-20245-7