By | 17 décembre 2018

CECIL#4 PDF de l'article

Ignacio J. García Pinilla 1
Universidad de Castilla la Mancha

Resumen: Constantino de la Fuente es uno de los centros de la disidencia sevillana del siglo XVI. En la historiografía católica se le presentó como un engañador que se servía de sus dotes de predicación para contagiar sus ideas al pueblo. En este estudio se estudia cómo en las historias de su orden los dominicos se enorgullecieron de haber sido quienes provocaron su procesamiento por parte de la Inquisición, si bien la manera de presentar el asunto varía, en un proceso de estilización que culmina con su presencia en las esculturas barrocas de herejes de la biblioteca del convento de San Giovanni e Paolo, de Venecia. Pero todo ello enmascara también la crisis que supuso la existencia de protestantes entre los integrantes del convento dominico sevillano.
Palabras clave: Constantino de la Fuente, protestantismo, dominicos, San Giovanni e San Paolo, siglo XVI, España, Sevilla

Title: (Re) Writing the narrative of Constantino de la Fuente in the Dominican Order
Abstract: Constantino de la Fuente is at the center of the dissidence in sixteenth century Seville. The Catholic historiography presented him as a pretender who used his preaching skills to spread his ideas. In this paper it is studied how the Dominicans were proud in the histories of the Order to be shown as the responsible for Constantino’s prosecution by the Inquisition, although the way of presenting the matter varies, in a stylization process that culminates with Constantino’s presence among the baroque sculptures of heretics in the library of San Giovanni e Paolo’s convent, in Venice. But all this also masks the crisis that supposed the existence of Protestants among the members of the Sevillian Dominican convent.
keywords: Constantino de la Fuente, protestantism, Seville, Dominicans, San Giovanni e San Paolo, 16th century, Spain, Italy

Titre: Écriture et réécriture des récits sur Constantino de la Fuente au sein de l’ordre dominicain
Résumé: Constantino de la Fuente est une des figures centrales de la dissidence sévillane du XVIe siècle. Dans l’historiographie catholique, il a été présenté comme un simulateur qui utilisait ses talents de prédicateur pour diffuser ses idées au sein de la population. Notre étude analyse comment les Dominicains, dans l’histoire de leur ordre, se félicitaient d’avoir provoqué les poursuites engagées par les inquisiteurs et son arrestation, bien que la manière de présenter le sujet varie d’un récit à l’autre, dans un processus de stylisation, dont la culmination est la présence de la figure de Constantino dans les sculptures baroques d’hérétiques de la bibliothèque du couvent San Giovanni e Paolo, à Venise. Néannmoins, tout cela servit aussi à masquer la crise que représenta l’existence de protestants parmi les membres du couvent dominicain de Séville.
Mots clés: Histoire , XVIe siècle, Espagne, Séville, religion, Constantino de la Fuente, Protestantisme, Dominicains, San Giovanni e San Paolo

Pour citer cet article : García Pinilla,Ignacio J., 2018, « Escritura y reescritura del relato de la orden dominica sobre el doctor Constantino de la Fuente », Dossier thématique : La fabrique de l’hérésie. L’hérétique et ses représentations à l’époque moderne : Espagne, Portugal, Amérique (XVIe-XVIIe s.) coord. par Michel Bœglin, Cahiers d’études des cultures ibériques et latino-américaines – CECIL, no 4, <http://cecil-univ.eu/C4_6>, mis en ligne le 26/12/2018, consulté le jj/mm/aaaa.

Introducción

  1. La poderosa Sevilla del siglo XVI no solo fue un polo de atracción para mercaderes ávidos de ganancia y para funcionarios y frailes deseosos de asimilar las Indias a las formas e ideas de Castilla. En la ciudad del Betis existió, en las décadas centrales del siglo, el único caso en la península de implantación extensa, en todos los niveles sociales, de grupos con planteamientos protestantes, hasta su violenta represión y disolución por parte de la Inquisición a partir de 1557. En las últimas décadas hemos asistido a los esfuerzos de los investigadores para comprender mejor la realidad del protestantismo sevillano, a pesar de la crónica escasez de fuentes para su estudio, especialmente dura por la pérdida del archivo inquisitorial sevillano. La imagen que predomina en la actualidad es la de la coexistencia de diversos grupos diferenciados dentro de quienes tenían una sensibilidad reformada; a todos ellos unía una clara percepción de la justificación por la fe, pero con notable disparidad de matices en otros aspectos doctrinales[2].
  2. El doctor Constantino de la Fuente (ca. 1505-1559) se sitúa en el epicentro de esos grupos protestantes sevillanos, si aceptamos la presentación que de él proporcionan las fuentes, tanto protestantes como católicas. Michel Bœglin ha descrito cómo su figura fue apropiada por la propaganda protestante, que hizo de él su mártir desde que en 1567 se publicara Inquisitionis Hispanicae artes aliquot, de donde pasó al martirologio de Jean Crespin y a otros. Este investigador también ha descrito a grandes rasgos cómo se forjó el relato equivalente por parte católica, en cuanto a la historiografía jesuita[3]. En este trabajo se propone revisar la elaboración y reelaboración del relato sobre Constantino de la Fuente en la orden dominica, que puede llevar a algún resultado final inesperado.
  3. La figura histórica del doctor Constantino ha sido descrita con gran riqueza en la reciente monografía de Bœglin (Bœglin 2016). Capellán real, canónigo magistral de Sevilla, autor de obras espirituales y catequéticas, reconocido como predicador extraordinario y, finalmente, condenado por la Inquisición tras su muerte en las cárceles del castillo de San Jorge, mientras se instruía su proceso, fue una de las veintidós personas para las que el Santo Oficio reservó la categoría de «dogmatizador[4]». Este último avatar de su vida ha dado la tonalidad con la que, casi involuntariamente, se matiza todo el resto de su vida. En consecuencia, se ha puesto mucho énfasis en su relación con el mundo reformado, aunque quizá su figura quedara más equilibrada añadiendo un poco más de atención a su cercanía con el poderoso mundo converso sevillano; o analizando su teología, como hace Bœglin, en contacto con el pensamiento católico conciliador pretridentino.

1. La caída de Constantino

  1. La mención más antigua de Constantino como cabeza de un grupo en Sevilla es anterior a su sentencia inquisitorial. De la casa de la Compañía de Jesús salieron hacia Roma dos cartas el mismo día, 23 de agosto de 1559, mientras Constantino estaba encarcelado; una en castellano, firmada por el padre Diego Suárez y la otra, latina, obra de Diego Durán, que todavía era estudiante. Aunque ambas dicen sustancialmente lo mismo, los matices a veces son relevantes. Como la carta castellana es mejor conocida[5], me apoyo aquí en la latina, de la que podemos extraer una primera imagen sobre la actividad del doctor Constantino:

Capti sunt enim ab Inquisitoribus primo nonnulli huius farinae classici, unde timor reliquos invasit, ut linguas, sed non perinde animos, compescerent. Si quidem comprehendunt in dies et in carcere truduntur. Inter quos dominicanus quidam, qui duci Methymnae Sidoniensis frater erat. Captus item magister quidam Blanchus cognomine, antiquus concionator, deinde Doctor Constantinus, omnium in hac urbe predicantium antesignanus specimen[6].

  1. Queda de manifiesto que en la casa de la Compañía había buen conocimiento de lo que sucedía, a pesar del secreto inquisitorial. Al referirse a los classici, «los de primer orden», concreta que los cabecillas detenidos, según sus noticias, eran fray Domingo de Guzmán, García Arias y, más tarde, el doctor Constantino. Y, continuando con la imagen militar, a este último lo considera antesignanus, que vale tanto como ‘comandante’ o ‘líder’ de todos ellos. La carta es interesantísima también por la confirmación de que entre la gente de la calle de Sevilla existían algo así como dos bandos, adictos a sendos grupos de predicadores; los detenidos pertenecían a los «predicadores de libertad», frente a los tradicionales, entre quienes los jesuitas se ven a sí mismos. Las detenciones habían alterado la situación previa, pues a raíz de aquellas los primeros y sus seguidores habían abandonado la prepotencia anterior, de modo que ahora la predicación estaba casi por completo en manos de los segundos.
  2. En este primer relato, que incluye el hallazgo de la biblioteca clandestina del doctor de la Fuente, ya se reconoce como elemento definitorio la posición principal de este último. Nada se dice, en cambio, de quiénes pusieron los medios para que pudiera producirse su detención. No existe tampoco, todavía, el relato jesuítico sobre el intento de Constantino de entrar en la Compañía[7].

2. Desarrollo del relato sobre Constantino

  1. El relato que define al doctor Constantino como protestante, disimulador y falaz se asienta sobre el auto de fe de 21 de diciembre de 1560, con la lectura en el cadalso de los méritos de su proceso. El primer testimonio de ello es, nuevamente, una carta de un jesuita, en este caso del padre Gonzalo González, fechada seis días después del auto[8]. Con patentes expresiones de horror ante lo que había oído, el padre González expone la falsía de Constantino, a partir de las palabras sobre él pronunciadas en la tribuna durante el auto. Aunque buena parte de su relación se refiere al contenido escandaloso de las obras manuscritas que se le confiscaron a Constantino, también destaca las «muchas sutilezas que tenía en predicar su secta». No obstante, su descripción tampoco se refiere a cómo se desvelaron esas sutilezas ni quiénes fueron sus debeladores. Quienes se arrogaron el mérito de haber demostrado la culpabilidad de Constantino fueron los frailes dominicos de Sevilla. Y, realmente, parece que en buena medida se debió al celo, casi obsesión, de algunos de estos el que el horizonte del doctor de la Fuente se fuera oscureciendo lenta e inexorablemente.
  2. En fecha tan temprana como 1553 ya existía un documento de calificaciones de dos obras de Constantino, compuestas por el dominico fray Gonzalo de Arciniega y por el catedrático de Sagrada Escritura de la catedral, el doctor Francisco Meléndez[9]. Se trata de la primera referencia a la vigilancia de la ortodoxia del doctor de la Fuente por parte de un miembro del convento sevillano de San Pablo. El siguiente testimonio de esta actitud es el parecer anónimo conservado en la Biblioteca Vaticana, fechable en 1557 y posiblemente obra de otro fraile del mismo convento, fray Nicolás de Salas, alias El Canario, que luego fue regente del convento de San Pablo[10]. Contiene un ataque furibundo al famoso predicador de la catedral hispalense, entonces ya canónigo magistral, en el que le acusa reiteradamente de servirse del doble sentido y del lenguaje codificado para difundir doctrinas heréticas. El mismo fray Nicolás de Salas figura como testigo de la Inquisición en una probanza adjunta al proceso contra otro dominico que había pasado un tiempo en Sevilla, fray Luis de la Cruz:

Ítem, el tercero testigo, que es el maestro fray Nicolás de Salas, depone que hubo escándalo en el colegio de Santo Tomás de Sevilla de un sermón que el dicho fray Luis predicó en la Iglesia Mayor en Sevilla en la Cuaresma del año de 1555. Que había hablado desacatadamente de las penitençias públicas, especialmente de la cruz que llevan los penitentes, diciendo que eran dos palos, aunque no se le acuerda habérselo oído, pero tiene sospecha que se le oyó. Ítem, depone que también había escándalo, y que era notorio que el dicho fray Luis de la Cruz, tratado de la comunicación de los méritos, dijo que no podía uno comunicar sus méritos a otro, declarando y dando a entender que hablaba de la satisfaçión para expiar de las penas de Purgatorio. E dice que no se acuerda si se lo oyó o no, aunque presume que sí[11].

  1. También las historias de la Compañía de Jesús se hacían eco de la categoría del dominico, como en la obra de Santibáñez, en la que se le elogia con las siguientes palabras: «…el maestro fray Juan de Salas, que llamaron el Canario, por ser de aquellas islas, hombre con raçón seguido por su talento y estimado en la ciudad por sus letras y religión. Acompañaba él lo uno con lo otro, el talento con los estudios, y templaba con su modestia los aplausos[12]».
  2. La presencia de dominicos como vigilantes en los sermones de Constantino también consta por otras fuentes, como es la colección de agudezas de Juan de Arguijo, publicadas en el segundo volumen de Sales españolas[13]:

Predicaba el Dr. Constantino el evangelio de los cinco panes. Era su oyente el Canario, fraile dominico que le seguía con alguna sospecha del fin que tuvo. Reparando el predicador en él y en su compañero, cuando llegó a decir que habían sobrado doce cestos de pan, ponderando quién los había llevado allí vacíos, se volvió á los frailes y dijo mirándolos: «¿Quién trajo aquí estos cestos[14]?

  1. El mismo carácter festivo de Constantino, que no dudaba en burlarse de quienes le acechaban, se observa también en otras anécdotas: « [Constantino] solía decir que le robaban la voz aquellas capillas, mirando las de la iglesia, pero aludiendo a las de los doctos dominicos[15]». Que los dominicos tenían parte importante en el asunto está confirmado por muchas fuentes, como en otro pasaje de la obra citada de Santibáñez:

Señaláronse mucho en esta parte dos insignes varones de el Sagrado orden de Predicadores, el maestro fr. Juan de Salas y maestro fr. Juan de Burgoa, nombrados en esta Historia muchas veces, y dignos de serlo en todo el mundo por lo mucho que sirvieron a la iglesia persiguiendo y confutando los herejes de este siglo; amparando y defendiendo de sus falsedades y calumnias a los nuestros, a quien tuvieron en lugar de hermanos, y trataron siempre como a muy suyos[16].

  1. Retomando el orden cronológico, la primera formulación del relato dominico[17] sobre su actuación en la represión del protestantismo sevillano se encuentra en la obra del portugués Antonio de la Conceição (Antonius Senensis), que publicó en París en 1585 su Chronicon fratrum ordinis praedicatorum:

Nam cum Hispali iam virus Lutheri serpebat et huius infernalis magistri sectatores erant non pauci et secundum Lutheranae scholae ritum praecepta dabantur et lectione iam publicae fiebant et iam spargi coeperat per falsitatis magistros doctrina Lutheri, quisnam venenum latens sub melle deprehendit, quis haeresiarchas occultos detegit et confudit, nisi Thomae collegae, eruditione et vita praestantes[18]?

  1. Por primera vez se relaciona la extirpación del protestantismo sevillano con la actividad del colegio de Santo Tomás, vinculado directamente a la orden dominica, aunque sin mencionar nombres individuales[19]. Habrá que esperar unos pocos años, hasta el final del siglo XVI, para que las fuentes jesuíticas aporten información más detallada. En la Historia del P. Santibáñez (que incorpora grandes secciones de la de Martín de Roa[20]) se menciona a los que escuchaban los sermones de Constantino para poder denunciarlo:

Oíanle algunos sermones con este cuidado tres o cuatro hombres, que más descollaban por su talento grande, exemplar vida y zelo apostólico. De la religión de santo Domingo, el maestro fray Juan de Salas, el maestro fray Juan de Burgoa; de la nuestra, el padre Juan Baptista Sánchez, el padre Antonio Madrid. Dezía Salas, oyéndole: «Constantino es un gran ereje[21]».

  1. De fray Nicolás de Salas (no Juan), el Canario, ya hemos tratado; a él se une ahora fray Juan de Burgoa, del que poco se sabe: con el grado de maestro, era sevillano y alcanzó el puesto de regente del convento de San Pablo. Actuó como calificador para el Santo Oficio[22]. Tanto Burgoa como Salas y Ochoa actuaron también en las justas poéticas sevillanas a mediados de siglo como garantes de la ortodoxia de la doctrina de los poemas presentados[23].
  2. El siguiente paso relevante para la historiografía dominica es la Tercera parte de la Historia general de Sancto Domingo…, de Juan López, obispo de Monópoli, publicada en lengua vulgar en 1613. En ella vuelve a tratarse el protestantismo sevillano:

Particularmente sintió este beneficio Sevilla por los años de mil y quinientos y cincuenta y nueve, uno más o menos, cuando pretendieron Constantino, Egidio, Julianillo, el Maestro Blanco y otros sembrar los errores de Lutero en esta ciudad. En aquella ocasión salió en defensa de la fe el maestro fray Juan de Ochoa, consumadísimo teólogo, regente del colegio de Santo Tomás, el padre maestro fray Juan [sic] de Salas, hijo de este convento de San Pablo, a quien por otro nombre llaman el Canario. Estos padres les miraron a las manos y, con el rumor que comenzó a correr, acudieron a oír sus sermones con gran puntualidad y examinar su doctrina. Y vista la novedad de ella (que en suma era querer introducir la secta de Lutero en España), denunciaron de ellos al santo Oficio de la Inquisición, continuando el oficio hasta que los hicieron prender y, calificados sus errores, los condenaron por herejes y, relajados al brazo seglar, los quemaron[24].

  1. El relato de fray Juan López menciona solo a Ochoa y a Salas y mantiene el detalle de la asistencia de los frailes a los sermones de los herejes, sin concretar de quién o quiénes. Se mantiene, también, el lugar destacado que se atribuye al convento de San Pablo en la represión del protestantismo sevillano.
  2. Tan solo cinco años después de la obra anterior, en 1618, el palentino fray Alonso Fernández publicó una obra cuyo título completo constituye un cambio de perspectiva en la historia de la orden: Concertatio Praedicatoria pro Eclesia Catholica contra Haereticos, Gentiles, Iudeos et Agarenos. En ella el relato se organiza en torno a los enfrentamientos que, en defensa de la Iglesia católica, los dominicos han sostenido contra los enemigos tradicionales de la fe: herejes, paganos, judíos y musulmanes. La portada es, asimismo, muy reveladora, con una disposición arquitectónica con seis hornacinas en las que se ven a sendos religiosos de pie sobre las cabezas de los derrotados, distribuidos de la siguiente manera, de izquierda a derecha: en la cinta superior, san Agustín, sobre los maniqueos, santo Domingo de Guzmán, sobre los albigenses, santo Tomás de Aquino, sobre los herejes de cualquier secta; en la cinta inferior san Jacinto, sobre los herejes septentrionales, san Vicente Ferrer, sobre judíos y musulmanes, y san Raimundo de Peñafort, sobre los valdenses. En este contexto, no extraña la presencia del episodio de la supresión del protestantismo sevillano con la intervención destacada de la Orden de Predicadores:

Anno Domini millesimo quingentesimo quinquagersimo septimo, Pauli quarti anno tertio, cum Hispali apud Hispaniarum regna iam Lutheri virus serperet et huius pravi heresiarchae sectatores praecipui Aegidius et Constantinus, ex oppido S. Clementis dioecesis Conchensis Doctores Theologi et Hispalensis Ecclesiae canonici summo consilio et arte errores disseminarent, Fr. Ioannes Ochoa Regens Hispali in Praedicatorio Collegio et Academia S. Thomae, F. Gabriel de Santoyo, Giennensis, et F. Nicolaus de Salas Canariensis, doctissimi Theologiae professores et zelo religionis Catholicae incrementi insignes, eorundem errores detegentes ad sanctissimum Inquisitionis tribunal detulerunt…[25].

  1. La lista de dominicos de San Pablo enfrentados a los herejes la constituyen los ya mencionados Ochoa y Salas, a los que se añade fray Gabriel de Santoyo. Aunque, como se ha visto, el obispo de Monópoli no lo mencionó al tratar del protestantismo sevillano, sí se hallaba una fugaz mención de él en otro lugar de su obra, por lo que quedaba añadido a la lista. De Santoyo se dice en Juan López, en la Tercera parte de la historia general de santo Domingo y de su orden de predicadores: «entró en el colegio de Santo Tomás de Sevilla, donde dio muestras de su religión y prudencia. Fue uno de los que hicieron guerra a los herejes que en aquella ciudad se levantaron[26]».
  2. El giennense Gabriel de Santoyo (1517-1568) estudió Teología en el colegio de Santo Tomás, en el que fue lector de Artes, para pasar en 1549 a enseñar Teología en su convento de San Pablo; de allí se trasladó a Granada, donde fue prior del convento de Santa Cruz; ocupó el cargo de provincial de esa provincia en 1564[27]. La narración de Fernández es menos detallada, pues no expone el método por el que los frailes acecharon a Constantino y Egidio; sin embargo, es él quien reúne los nombres de tres dominicos de San Pablo responsables de ello; páginas después, en 495, aprovecha otra mención de fray Juan de Ochoa para recordar que él fue quien descubrió (detexit) las torcidas enseñanzas de Constantino y Egidio y las llevó a la Inquisición.
  3. El siguiente relato, que permanece manuscrito, es específicamente una Historia del real convento de San Pablo de Sevilla, escrita por Francisco Ramírez de Solórzano en 1625:

Oyó el sermón [de Egidio] el padre maestro fray Nicolás de Salas, hijo del convento de San Pablo, predicador famoso. Denunció de él al Santo Oficio, y con la autoridad y asistencia del padre maestro fray Domingo de Soto, catedrático de prima de teología en la universidad de Salamanca, obligó a Egidio a retractarse en público. […] Quedó más advertido. El maestro fray Nicolás de Salas y el maestro fray Juan de Ochoa, regente del colegio de santo Tomás, y el maestro fray Juan de Burgoa, hijo y regente del convento de San Pablo, hombres doctísimos y celosísimos, andaban mirando las manos a Egidio y Constantino. Oían sus sermones con atención y cuidado. Advirtieron algunas proposiciones luteranas y dieron cuenta al santo oficio. Fue preso Constantino y, averiguadas sus culpas, se halló que era abismo de sacrilegios y maldades. Se averiguó que era casado con dos mujeres, y que en vida de ambas había sido promovido al sacerdocio[28]

  1. La narración de Ramírez de Solórzano sitúa acertadamente la actuación de los dominicos sevillanos en dos tiempos, pues diferencia el primer proceso del doctor Egidio (1549-1552), en el que interviene fray Nicolás de Salas y, en un último momento, fray Domingo de Soto, de la represión extensa, que afectó a multitud de personas. Para el segundo momento, se citan como promotores al Canario, a fray Juan de Ochoa y a fray Juan de Burgoa, este último por vez primera entre los relatos dominicos. Antes de la sección arriba reproducida, Solórzano había expuesto la falsía y encubrimiento de Constantino y Egidio, en línea con el postulado ya presente en el parecer de la Vaticana y difundido en el auto de fe:

Siguieron a Lutero y comenzaron a pervertir el pueblo cristiano predicando libertad de conciencias; persuadían a los fieles que dejasen la penitencia, la imitación y cruz de Cristo, con tal cautela y artificio, que los tenía el engañado pueblo por varones apostólicos porque, como cubrían con miel el veneno, lo tragaba el vulgo rudo y se le hacía todo dulce[29].

  1. No obstante, este testimonio, que podría parecer de singular relevancia por proceder del convento mismo de San Pablo, debe juzgarse teniendo en cuenta que, en el capítulo que nos afecta, en su mayor parte consiste en una traducción adaptada de De origine et progressu officii sanctae Inquisitionis, publicada en 1598 y obra de de Luis de Páramo[30]. La aportación de Ramírez de Solórzano se limita a lo aquí indicado en la primera referencia: poner de manifiesto la participación de los dominicos de San Pablo en la persecución y dar sus nombres exactos.
  2. La siguiente referencia en la tradición dominica de los protestantes sevillanos es la que se lee en los Monumenta Dominicana de Fontana, cuya primera edición fue en 1663:

Eodem anno cum Hispali in Hispania Lutheri virus latenter serperet illiusque sectatores essent Aegidius et Constantinus ex oppido S. Clementis Conchen. dioecesis Hispalenses canonici, qui prava dogmata inter fideles illos disseminare clam procurabant, contra eo insurrexere P. Io. Ocho [sic] Regens conventus Hispalen., P. Gabriel Sanctoyo Giennensis, et P. Nicolaus de Salas Canariensis doctissimi viri, cum illis disputantes; et pertinaces inventos sacro tribunali denunciavere. Qui in vincula coniecti, propinato a parentibus veneno, ibidem mortui sunt, illorumque corporibus cum decem et octo eorum sequacibus igne consumptis. Quo executioni mandato pestis haereticalis Hispani extincta est[31].

  1. Basta un somero examen del texto de Fontana para comprobar que, a pesar de la bibliografía qué él mismo cita, su fuente es la Concertatio praedicatoria antes referida, aunque con una variación asombrosa sin fuente conocida: allí donde fray Alonso Fernández dejaba abierta la posibilidad de que Constantino muriera envenenado, Fontana lo da como seguro y añade que el veneno se lo dieron sus padres (quienes, según parece bien probable, estaban muertos desde años atrás).
  2. También se trata el asunto, aunque de modo muy sucinto, en el Incrementum de la Bibliotheca Dominicana de Altamura:

Ioannes Ochoa, natione Hispanus, vir doctissimus, S. Th. magister in Collegio S. Thomae Hispalensi studiorum praefectus […]. Aegidium et Constantinum Fontanum, Ecclesiae apostatas virus suum clam et subdole apud Hispalim diffundentes, deprehendit. Illos apud iudices rerum fidei postulavit violatae religionis. Quare damnati fuere igni[32].

  1. El relato se ve aquí fuertemente estilizado, en aras de la brevedad, de modo que solo se habla de un debelador de herejes, fray Juan de Ochoa, y de una sola acción conjunta contra Egidio y Constantino.
  2. Fuera del ámbito dominico, en el mismo año de 1677 se publicaron los muy documentados Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble ciudad de Sevilla, escritos por Diego Ortiz de Zúñiga, en los que se pasa de puntillas por la represión de los protestantes de 1557-1565, de modo que su referencia a los denunciadores no desciende a aportar nombres particulares:

… había sido preso el doctor Constantino, canónigo magistral de nuestra santa iglesia, que con capa de hipocresía paliaba grandes vicios y pensamientos de ser otro Lutero o Calvino en España, habiéndose ganado gran opinión de elocuente y ostentosa predicación, en la cual y en comunicaciones de monjas y otras personas que trataba a título de espiritual, iba sembrando sus proposiciones heréticas, que fueron notadas y denunciadas por graves religiosos, particularmente de los del Colegio de Santo Tomás, de la orden de santo Domingo[33].

  1. Las palabras de Ortiz de Zúñiga, aun breves, son matizadas y no incurren en las inexactitudes de otros antes presentados. No confunde los casos de Egidio y de Constantino, es conocedor de los círculos en que Constantino tenía discípulos y recoge la idea común de la ocultación; además, un poco antes del fragmento reproducido señala la relevancia de la actuación de los dominicos de San Pablo que acudían a los sermones de Constantino. No obstante, es una línea aparte, que no parece influir en los escritos posteriores.
  2. En torno a 1688 escribió Diego Ignacio Góngora su Historia del Colegio Mayor de Santo Tomás de Sevilla, aunque no sería publicada hasta 1890. En ella se contiene la primera «monografía» sobre fray Juan de Ochoa (1494 – p. 1574), por haber sido regente del colegio cuya historia escribe[34]. Expone que fue catedrático de prima de la universidad de Osuna y que su convento originario fue el de San Pedro Mártir de Toledo. En cuanto a su relación con el colegio de Santo Tomás de Sevilla, señala que juró en 1517 como colegial decenio y en 1520 como perpetuo. Tras un año de docencia en Artes, marchó a su provincia madre de España a estudiar Teología. En 1536, tomó posesión de la regencia del colegio de Santo Tomás de Sevilla, a la que sumó en 1539 la del estudio general de San Pablo. En diciembre de 1549, juró los estatutos de universidad de Osuna. Allí permaneció hasta 1556; en junio de ese último año retomó la regencia del colegio de Santo Tomás de Sevilla. Si estuvo ausente de Sevilla hasta mediados de 1556, parece que su actuación contra Constantino se ciñe a los dos últimos años antes de su detención (que se produjo el 16 de agosto de 1558). En consecuencia, la afirmación de Ramírez de Solórzano de que fray Juan de Ochoa era de los que «andaban mirando las manos» de Egidio (y Constantino) suscita dudas; o bien es errada, porque Egidio muere cuando él todavía no ha regresado a Sevilla; o bien se refiere a una actividad anterior a su marcha a Osuna, que se produjo en 1549. De hecho, esta última posibilidad no es descartable: en ese año, ante la elección de Egidio para el obispado de Tortosa, se activó la máquina inquisitorial contra él, a instancias de «frailes y otras personas», tal como se recoge en los méritos del proceso de Gaspar Ortiz:

El testigo doce dice que por el tiempo qu’estuvo preso en este Santo Oficio el dicho doctor Egidio, oyó decir al dicho Gaspar Ortiz, çiego, que de envidia los frailes y otras personas le habían acusado, e que una de las dichas personas se había muerto, que parescía permisión de Dios, lo cual le oyó decir tres o cuatro veces[35].

  1. Ciertamente, uno de esos frailes pudo ser fray Juan de Ochoa. La confusión entre los momentos de Egidio y de Constantino, ya observada en López, es compartida también por Góngora, quien no establece diferencia ninguna entre las actuaciones de Salas, Santoyo y Ochoa.
  2. La tradición de la actividad de los dominicos contra los herejes sevillanos es recogida, por supuesto, en el magno repertorio de Quétif, donde se da la siguiente descripción de fray Juan de Ochoa, que parece basada, aunque cita como fuente a López, en la del Incrementum del Altamura:

Ioannes de Ochoa, Hispanus Baeticus, vir a pietate et eruditione inter primos suae aetatis nominatus […] quo fidei Christianae purae servandae flagrabat studio, Constantinum et Aegedium doctrinam pestiferam in Hispania occulte seminantes mox detexit et sacri tribunalis censoribus denunciavit, a quibus in eos ex legibus severius animadversum[36].

  1. La lejanía se ha impuesto, lo que provoca que para Quétif la actuación de Ochoa sea única contra Egidio y Constantino y que se redujera a la denuncia ante el Santo Oficio. Es conveniente hacer notar que fray Juan de Ochoa es el único de los dominicos hispalenses que entra en Altamura y Quétif. La estilización del relato se impone[37].

3. La biblioteca de San Giovanni e Paolo de Venecia

Ilustración 1: Elisabetta Piccini, acceso a la biblioteca, en Gianvizio 1683. Österreichische Nationalbibliothek.

  1. Una vez establecida esta serie de fuentes, que nos ha ido llevando desde los documentos de época (carta, parecer, anécdotas) a las historias de órdenes (primero, de los jesuitas, luego de los dominicos), están sentadas las bases para enfrentarse a un testimonio que implica a otras artes.
  2. Continuando con el gran relato de la derrota de Constantino a cargo de los dominicos, es preciso ir a Venecia, y en concreto a la biblioteca del convento dominico de S. Giovanni e Paolo, actualmente hospital civil de la ciudad. En esta magnífica biblioteca, que se inauguró en 1683, sus 26 anaqueles de libros estaban flanqueados por 28 columnas de atlantes que representaban otros tantos herejes derrotados por la orden y encadenados, cada uno acompañado por un ave que manifestaba su principal rasgo negativo; y, a modo de emblema, el sentido de cada ave se explicitaba mediante una cartela con versos latinos y unas palabras de la Escritura. El techo, que sí se conserva en su situación original, muestra un entrelazado de palmas, sostenido por putti alojados en las pechinas y soportando medallones con retratos de los dominicos triunfantes. En el fresco del techo, otras veintiocho figuras de los dominicos vencedores en la vertical de sus correspondientes herejes; en los lunetos entre ellas se sitúan veintiocho medallones lígneos de doctores de la orden que participaron en concilios, y todo este conjunto rodeando las figuras centrales de la Sabiduría, la Prudencia y el Temor[38].
  3. Con ocasión de la inauguración de la biblioteca se publicó un libro explicativo del complejo programa iconográfico en ella desarrollado[39]. Ese libro iba precedido de un grabado de sor Elisabetta Piccini que permitía atisbar desde la puerta una esquina del interior de la biblioteca en su disposición original (ver ilustración 1). Todo el conjunto, elaborado en madera de nogal entre 1680 y 1683, constituye la primera obra importante de Giacomo Piazzetta (ca. 1643-1705)[40]. Entre los telamones figuran nombres tan conocidos y dispares como los de Lutero, Erasmo, Beza, Zwinglio, Pomponazzi, Melanchthon, Matteo Gribaldi, Calvino, Ochino… y el doctor No es descartable que la idea de representar al fraile con el hereje al que derrotó pueda haber derivado del concepto de la portada de la Concertatio Praedicatoria: el fraile vencedor de los herejes, a los que tiene bajo sus pies. Aquí, al revés, las figuras centrales son las de los herejes, dolientes por los sufrimientos ¿de la otra vida? y portando señales de su derrota. Abundando en la idea de la estructura «emblemática» de todo el conjunto, es preciso señalar el alarde de erudición que implica, con plena correspondencia entre las imágenes y los textos latinos (en prosa y en verso).

Ilustración 2: Biblioteca de San Giovanni e Paolo de Venecia, lámina 88 de Coronelli, 1710. Fuente: Internet culturale y Biblioteca nazionale Marciana (Bajo licencia CC).

  1. La inscripción de cada hereje, además de aportar su nombre, expone también quién fue el dominico que lo venció y en qué circunstancias. De este modo se establece una lectura ascendente que, desde el epígrafe inicial (en prosa) y el telamón correspondiente, pasa al arquitrabe de la biblioteca, donde figura el ave con un dístico latino que explicita el sentido simbólico de esta (aliti et haeretico), un versículo de la Escritura y otro dístico en honor del dominico (expugnatori).
  2. Ahora bien, la divulgación de la fama de la biblioteca se produjo, especialmente, gracias al grabado de Vicenzo María Coronelli incluido en Singolarità di Venezia[41], aunque se trata de un trabajo bastante torpe y de baja calidad (ilustración 2). Desgraciadamente, toda la parte inferior está hoy en paradero desconocido y dependemos de las descripciones antiguas. En 1807, con la supresión del convento según las ordenanzas napoleónicas, se ordenó la retirada y venta de los elementos verticales de la biblioteca[42].
  3. Una noticia manuscrita de Nicolò Bataglini en un ejemplar del libro de Gianvizio, fechada en 1873, explica que las esculturas de los herejes pasaron a manos de un tal Sebastiano Gasparoni, quien en 1830 los llevó consigo a Londres y los expuso, tras lo cual fueron vendidos a un Lord inglés innominado[43]. Esto concuerda con informaciones disponible en Inglaterra: en The Gentleman’s Magazine se publicó con fecha de 18 de julio de 1834 una breve comunicación al editor, Sylvanus Urban, sobre las estatuas de herejes que estaban expuestas en la casa de Mr. Ellis, en Oxford Street[44].

Ilustración 3: Grabado de W. H. Brooke en The Mirror of Literature, Amusement, and Instruction, n. 734 (15 de agosto de 1835). Propiedad del autor.

  1. Este traslado hace posible entender que en 1835 Robert Williams dedicara a estas figuras un buen número de páginas en su introducción a la historia de la escultura en madera, además de reproducir en apéndice el texto latino de las inscripciones al pie de cada telamón (con bastante poco acierto), junto con traducción inglesa[45]. En ese momento ya solo era capaz de referirse a 25 piezas, porque las tres restantes habían desaparecido. La mejor ilustración de las esculturas se publica en ese mismo año en The Mirror of Literature, Amusement, and Instruction; ocupa toda la portada del número 734, de 15 de agosto (ilustración 3). Al grabado acompaña un artículo de dos páginas, escrito teniendo ante la vista el estudio de Williams, y en él se aclara que la imagen debe mucho a una anterior en un volumen con vistas de Venecia; sin duda, la de Coronelli. Ahora bien, la representación en esta revista de la parte inferior, la de los telamones, es mucho mejor que la del grabado antiguo, por lo que da la impresión de que aquella corresponde al examen directo de la exposición de Oxford Street, mientras que la parte del techo, sin duda mucho más torpe, sí es la deudora del italiano. En conjunto, se trata de la mejor representación de la biblioteca, aunque estrictamente considerada no pase de ser una recreación hipotética. A partir de entonces, se pierde la pista de las esculturas de la biblioteca de San Giovanni e San Paolo.
  1. Aunque se desconoce el paradero de los telamones, sí se conservan los bocetos de 24 de ellos, en terracota sobredorada y a tamaño reducido (unos 45 cm), distribuidos actualmente entre la National Gallery de Canadá (Ottawa), la Skulpturengalerie de la Stiftung Preussischer Kulturbesitz (Berlín) y la Galleria Giorgio Franchetti alla Ca’ d’Oro (Venecia)[46].
  2. Volviendo a libro de Gianvizio, bajo el número 18 aparece lo siguiente:

Constantinus Fontanus Canonicus Hispalensis, cum Aegidio eius socio, ex Oppido Sancti Clementis Conchensis apud Hispanos, haeresis Lutheranae clandestini et subdoli disseminatores, a Magistro Ioanne Ochoa detecti palamque convicti; sed nihilominus, magis adhuc pertinaces, carcere et morte denique plexi. Anno 1558[47].

  1. El ave que se va a usar como representante emblemática es el faisán, que se introduce con la siguiente descripción: Phasianus, capite inverso et latente, sed corpore aucupi exposito[48]. El motivo del faisán como animal que pretende esconderse ocultando la cabeza está presente en los Aenigmata de Giraldi[49], de donde parece pasar a la Historia animalium de Gessner[50], en ambos casos atribuyendo a Tertuliano una referencia al faisán que no parece sino una glosa espuria[51]. El texto bíblico asociado es de Sofonías, 3, 5: «Et non abscondetur». Gianvizio reproduce a continuación el dístico elegíaco que explica la relación entre el hereje y el ave escogida:

Aliti et haeretico

Se putat invisum, haud cernens, avis incola Phasis.
Fontanus tectus creditur, at capitur[52].

  1. Fasis era el nombre de una ciudad griega situada en el extremo oriental del mar Negro, así como el del río que desembocaba en aquella ciudad. Según la leyenda griega, fue la nave Argo la que por primera vez trasladó a Occidente las aves del Fasis, naturales de esa zona. No aparece en textos antiguos, en cambio, la referencia a la ocultación de la cabeza, motivo que se limita al avestruz. El doctor Constantino es comparado con el faisán por ese aspecto de la disimulación ineficaz, que puede llegar a ser incluso ridícula. Por encima de este grupo se situba en la biblioteca la imagen del fraile debelador de Constantino, con una cartela laudatoria:

Expugnatori

Subdoli et ignoti ut fures, clam incedite tecti;
            Centioculus vigilans Ochoa centimanus[53].

  1. El epigrama bascula entre la tensión del hexámetro, dedicado a los enemigos, y el pentámetro, que aporta la solución junto con el nombre del triunfador sobre el hereje: Ochoa. Este segundo verso encierra dos alusiones mitológicas transparentes: el de cien ojos es Argos y el de cien manos es uno de los Hecatonquires, seguramente Briáreo; mediante el primero se destaca la tarea de vigilancia incansable e insobornable, mientras que con el segundo se alude al apoyo efectivo y leal a la autoridad[54]. La conjunción de ambos elementos convierte a Ochoa en el más eficaz de los siervos de Dios, pues evitó que el daño se difundiera en el pueblo.

Para concluir

  1. El doctor Constantino de San Giovanni e Paolo no es un retrato, sino una deliberada estilización. Lo mismo puede decirse del relato de la participación de los dominicos, pues, aun constituyendo un hecho incontrastable, se presenta reducido a un único rasgo. De la actividad silenciosa e indiferenciada de estos, tal como se refleja en Durán y en otras fuentes muy cercanas a los hechos, se pasa a la identificación de los actores principales, que no serían otros que los mencionados Salas, Santoyo, Burgoa, Ochoa y Arciniega. Finalmente, en la literatura de la primera mitad del siglo XVII, que incluye varias obras generales, se lleva a cabo una simplificación narrativa que polariza la narración hacia una sola figura, usada como compendio del esfuerzo de toda la comunidad de San Pablo contra la herejía. Es lógico que esta figura fuera la más destacada intelectual y académicamente de entre ellos, fray Juan de Ochoa.
  2. El relato dominico sobre la relación de la orden con el protestantismo sevillano obra en una línea diversa respecto al jesuítico. Uno de los motivos que pudo favorecer la tendencia al elogio de los frailes de San Pablo es hacer olvidar que durante la persecución del protestantismo sevillano fueron varios los frailes de ese convento procesados por luteranismo, al menos, tres: fray Jerónimo Caro, fray Domingo de Guzmán y fray Luis de la Cruz. Además, se podía citar a otros frailes del mismo cenobio sobre los que se cernían dudas o fueron procesados por otros motivos, como fray Baltasar Pérez o fray Domingo de Baltanás. En medio de la penuria documental referida a la Inquisición sevillana, poseemos algo más de información sobre el proceso de fray Luis de la Cruz[55], y consta por ella que entre los testigos que depusieron contra él figuraron muchos dominicos: los que actuaron contra Constantino y Egidio, como fray Juan de Ochoa, fray Nicolás de Salas, fray Juan de Burgoa y fray Gonzalo de Arciniega, pero no solo ellos, sino muchos más, como fray Jerónimo Bravo, fray Francisco Fanegas, fray Francisco de las Infantas, fray Alonso Carrillo, fray Simón de Espinosa, fray Baltasar de Mesa, fray Bartolomé Muñoz, el encausado fray Domingo de Rojas y fray Pedro Hernández, al menos[56]. El ambiente del convento de San Pablo debió de estar muy agitado durante las décadas centrales del siglo XVI, por lo que no es raro que el relato difundido por los historiadores de la orden haya tendido al ensalzamiento de los príncipes de la ortodoxia y debeladores de herejes, de modo que quede en la sombra el hecho de que entre los miembros de su orden se encontraron algunos de los más conspicuos promotores del protestantismo sevillano.

Referencias citadas

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Notas

[1] Catedrático de Filología Latina, ha publicado ediciones críticas y estudios sobre humanistas y protestantes españoles exiliados, como Francisco de Enzinas (Epistolario, Historia de Juan Díaz), Antonio del Corro, Constantino de la Fuente, Pedro Jiménez, etc. Es director de la Serie de Disidentes Españoles. Forma parte del Grupo de Investigación De re Hispanica (www.derehis.com). Contacto: ignacio.gpinilla@uclm.es

[2] En la línea de deslindar comunidades diferenciadas dentro del complejo mundo heterodoxo sevillano han sido claves los estudios de Bœglin 2006 y López Muñoz 2011; una profundización sobre ellos en Bœglin 2016, en part. pp. 262-288.

[3] Bœglin 2016, pp. 262-273.

[4] Al menos en una de las relaciones del auto de fe en que se quemaron sus huesos se le califica así, cf. López Muñoz 2011, doc. 102, vol. 2, p. 214.

[5] Se transcribe en Laínez 1915, ep. 1233, vol. 4, pp. 469-471 y se comenta en Bœglin 2016, p. 268.

[6] «En efecto, en un primer momento los inquisidores detuvieron a algunos de los más destacados de esta calaña, de modo que a los demás les dominó el miedo y refrenaron sus lenguas, aunque no en igual medida sus intenciones. Es más, los apresan de día en día y los arrastran a la cárcel. Entre ellos, cierto dominico, que era hermano del duque de Medinasidonia. También fue detenido uno conocido como el Maestro Blanco, un destacado predicador, y más tarde el doctor Constantino, el comandante simbólico de todos los que predican en esta ciudad».

[7] Cf. nota 3. Santibáñez, a partir de Roa, relata cómo Constantino se presentó en la casa de la Compañía en Sevilla con el deseo de solicitar su ingreso, pero la duda sobre su sinceridad impidió cualquier avance al respecto.

[8] ARSI, Hisp. 99, f. 442r-443, reproducido en López Muñoz 2011, vol. 2, doc. 103bis, pp. 227-230.

[9] No se conserva ese escrito, al que se refiere la correspondencia de la Suprema con Sevilla, cf. López Muñoz, 2011, vol. 2, p. 100 (doc. 24). Sobre el doctor Meléndez, cf. Ollero Pina 2006, pp. 153-154 y 186.

[10] Cf. García Pinilla 1999, 204-205. Bœglin 2016, 100 propone la atribución de fray Juan de Ochoa, pero este no predicó en la catedral, tal como afirma haber hecho el anónimo autor de esta pieza.

[11] López Muñoz 2011, 2, p. 514 (doc. 290). Sobre fray Luis de la Cruz, cf. infra.

[12] Santibáñez, caja 49, f. 16v.

[13] Paz y Melia 1902, vol. 2, p. 105.

[14] En DRAE, s. v. cesto: «ser un cesto: 1. loc. verb. coloq. Ser ignorante, rudo e incapaz».

[15] Ortiz de Zúñiga 1796, 4, p. 15.

[16] Santibáñez, caja 49, f. 16v.

[17] La historiografía dominica correspondiente a este período se estudia en Esponera Cerdán 2003. Reflexiones de corte general sobre el asunto, en Dedieu 2006.

[18] Senensis 1585, p. 271: «En efecto, cuando en Sevilla ya se deslizaba el veneno de Lutero y los seguidores de este infernal maestro eran no pocos y se daban enseñanzas según las normas de la escuela luterana y había ya lecciones abiertas y la doctrina de Lutero ya había comenzado a diseminarse por medio de maestros de la mentira, ¿quién descubrió el veneno escondido bajo la miel, quién encontró y confundió a los heresiarcas ocultos, sino los colegas [del colegio] de Santo Tomás, destacados por su ciencia y su rectitud?».

[19] El Colegio de Santo Tomás fue promovido por el obispo dominico fray Diego de Deza en 1516, como un ejemplo más del acelerado ritmo de fundaciones dominicas en el siglo XVI, cf. Pérez García 2017, pp. 168-169.

[20] La composición de la historia de los jesuitas en Andalucía por parte de Martín de Roa se interrumpió en 1602, según J. Grau en Roa 2016.

[21] Santibáñez, s. f., caja 49, f. 105v.

[22] Ollero 2006, pp. 187 y 189, y Góngora 1890, p. 105.

[23] Pascual Barea 2008, 1, p. 1667.

[24] López 1613, p. 268. Vuelve a mencionar el asunto en la Quarta parte, cf. López 1615, pp. 131-132: «El maestro fray Juan de Ochoa fue hombre de señalada virtud y letras, fue regente del Colegio de Santo Tomás y después fundó el Colegio de Santa María de Montesión, de la orden de los Predicadores en la ciudad de Sevilla. […] Fue gran perseguidor de los herejes y como tal descubrió los dos famosos herejes Constantino y Egidio, con los demás compañeros, en tiempo del emperador Carlos quinto (que fue uno de los grandes servicios que han recibido estos reinos), habiendo dado principio estos nuevos heresiarcas a tan perniciosos errores, a tiempo que por otras partes iba pegando fuego a toda prisa a la cristiandad de España».

[25] Fernández 1618, p. 275: «En el año 1557, año tercero del pontificado de Paulo IV, como quiera que en Sevilla, en los reinos de España, se estuviera difundiendo entonces el veneno de Lutero y los principales seguidores de esta malvada herejía, Egidio y Constantino, de San Clemente, en la diócesis de Cuenca, doctores teólogos y canónigos de la catedral de Sevilla, diseminaban sus errores con plena conciencia y habilidad, fray Juan de Ochoa, regente en Sevilla del Colegio universitario de Santo Tomás, de la Orden de Predicadores, fray Gabriel de Santoyo, giennense, y fray Nicolás de Salas, canario, profesores de teología muy doctos y señalados por el celo por el aumento de la religión católica, los llevaron ante el santísimo tribunal de la Inquisición poniendo al descubierto sus errores».

[26] López 1613, p. 352.

[27] Sobre él, cf. Góngora 1890, pp. 92-93.

[28] Se conserva en el Archivo Histórico de la Provincia Dominica de Andalucía, en el Sevillano convento de Santo Tomás, sign. 9/12. Está accesible en formato digital en el Archivo General de la Región de Murcia, FR,76.3 (FR,AHPDA,9/12), url: <https://archivoweb.carm.es/archivoGeneral/arg.muestra_detalle?idses=0&pref_id=3791239>, consulta, 8 de marzo de 2018. La sección referida a la represión de la herejía sevillana es reproducida en buena parte en Larios Ramos 2005 y Larios Ramos 2016.

[29] Larios Ramos 2005, p. 115.

[30] Páramo 1598, pp. 301-302.

[31] Fontana 1675, pp. 501-502: «En el mismo año, siendo así que en Sevilla en España la ponzoña de Lutero se deslizaba ocultamente y sus seguidores eran Egidio y Constantino, de la villa de San Clemente en la diócesis de Cuenca, canónigos de Sevilla, que se esforzaban en divulgar sus torcidas enseñanzas entre aquellos fieles, se levantaron contra ellos se alzaron el oadre Ochoa, regente del convento sevillano, el padre Gabriel Santoyo, giennense, y el padre Nicolás de Salas, canario, varones muy sabios, debatiendo con ellos; al encontrarlos pertinaces, los denunciaron al santo tribunal. Ellos, una vez encarcelados, murieron allí por un veneno proporcionado por sus padres, y sus cuerpos fueron dados a las llamas junto con dieciocho de sus discípulos. Con esta orden de ejecución se apagó la peste española de herejía».

[32] Altamura 1677, pp. 331: «Juan de Ochoa, de nacionalidad española, varón muy docto, maestro de santo Tomás en el colegio sevillano de Santo Tomás, prefecto de estudios […]. Descubrió a Egidio y a Constantino de la Fuente, apóstatas de la Iglesia, mientras difundían ocultamente y en secreto su veneno en Sevilla. Los acusó antes los jueces de la fe de crímenes contra la religión. Por ello fueron condenados a la hoguera».

[33] Ortiz de Zúñiga 1796, 4, pp. 14-15.

[34] Contrasta algunas afirmaciones de Góngora y aporta más datos Sancho de Sopranis 1958, pp. 422-426.

[35] López Muñoz 2011, 2, pp. 340 (doc. 166).

[36] Quétif-Echard 1721, v. 2, pp. 191; «Fray Juan de Ochoa, español, andaluz, varón contado entre los destadados de su tiempo por su piedad y erudición, […] como ardía en deseos de conservar pura la fe cristiana, pronto descubrió a Constantino y Egidio, que sembraban disimuladamente su pestilente doctrina en España, y los denunció ante los jueces del Santo Oficio, quienes obraron contra ellos con notable severidad, de acuerdo con la ley».

[37] Otro ejemplo de modificación del relato dominico, en el que se suprime la estirpe conversa de fray Alonso de Burgos, fundador del colegio de San Gregorio de Valladolid, se expone en Pérez García 2017, pp. 185-186.

[38] La descripción está tomada de Pasian 2013, p. 485. Los dominicos participantes en concilios han sido analizados recientemente en Alberghina 2016.

[39] Gianvizio 1683.

[40] Sobre él, véase, con bibliografía actualizada, Di Grassi 2015.

[41] Coronelli 1710, lámina 88.

[42] Alberghina 2016, p. 28.

[43] Pasian 2013, p. 467.

[44] The Gentleman’s Magazine. By Sylvanus Urban, Gent. Volume II, New series, 1834, Londres, William Pickering, pp. 141-142. Su relato coincide con el de la nota manuscrita de Bataglini: «I am led to these remarks from having lately seen, at Mr. Ellis’s, John Street, Oxford Street, an extraordinary collection of carved statues, as large as life […]. These curious statues originally ornamented the church of St. Giovanni e Paoli at Venice, whence they were removed by Bonaparte, and were ultimately secured by an individual, and lately brought to London».

[45] Williams 1835, pp. 45-59 y 95-109.

[46] Guerriero 2009, p. 187.

[47] Gianvizio 1683, p. 37: «Constantino de la Fuente, canónigo de Sevilla, junto con su compañero Egidio, de San Clemente, Cuenca, España, diseminadores ocultos y engañosos de la herejía luterana, descubiertos y probada su culpa por el maestro Juan de Ochoa. Con todo, aún más pertinaces, condenados a cárcel y finalmente a muerte. Año de 1558».

[48] Ibid.: «Un faisán, con la cabeza vuelta y oculta, pero con el cuerpo expuesto al cazador».

[49] Giraldi 1551, p. 27.

[50] Gessner 1554, p. 659: «Phasianus rostrum in terra figens, abscondit se et se totum latere putat, Obscurus tanquam ex Aristotele. Struthiocamelum aiunt cum delitescendum habet, caput solum plane totum in condensum abscondere, reliquam se in aperto relinquere: ita dum in capite secura est, nuda qua maior est capitur tota cum capite, Tertullianus. Et idem, At nos phasianas aves hoc facere videmus».

[51] Existe un estudio específico, que no he podido consultar; Hünemörder 1970.

[52] «Al ave y al hereje: Se cree invisible, porque no ve, el ave que habita Fasis. / Fontano se cree a cubierto, pero lo cogen».

[53] «Al debelador: Engañosos y desconocidos, como ladrones, avanzad a escondidas y ocultos; Ochoa, en vela, tiene cien ojos y cien manos».

[54] Briáreo apoya a Zeus frente a la conjura de otros dioses en Homero, Iliada, I ,399-403; de hecho, Hesíodo en Teogonía pp. 734-734 califica a los Hecatonquires como «guardianes leales de Zeus, portador de la égida».

[55] Sobre él, cf. Tellechea Idígoras 1977 y López Muñoz, 1, pp. 178-185.

[56] Los nombres proceden básicamente de la acusación del fiscal contra fray Luis de Medina (o de la Cruz), AHN, Inquisición, leg. 1822, doc. 11, reproducido por López Muñoz 2011, doc. 290.